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Concepto |
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El
término "lavado de
dinero" se refiere a las actividades y transacciones financieras que
son realizadas con el fin de ocultar el origen verdadero de fondos
recibidos. Dichos fondos son provenientes de actividades ilegales y el
objetivo de la misma es darle a ese dinero ilegal, la apariencia de que
proviene del flujo lógico de alguna actividad legalmente
constituida. Y
una vez efectuado este proceso estar disponible para la
utilización de
las bandas delictivas o terroristas.
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Origen del Lavado de Dinero |
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Se han
practicado ciertas
formas de lavado de dinero desde que surgió la necesidad de
ocultar el
índole o la existencia de ciertas transferencias financieras
por
razones ya sean políticas, comerciales o
jurídicas. |
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Al
proscribir la Iglesia
Católica la usura en la Edad Media ,
tipificándola no solo como delito
(al igual que se ha hecho con el tráfico de drogas en
nuestros días)
sino también como pecado mortal, los mercaderes y
prestamistas
decididos a cobrar intereses por los préstamos otorgados
innovaron
prácticas muy diversas que anticipan las modernas
técnicas de ocultar,
desplazar y blanquear el producto del delito. Su objetivo evidente era
desaparecer por completo los cobros por concepto de intereses (ocultar
su existencia) o hacerlos aparentar ser algo que no eran (disfrazar su
índole). |
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Este engaño podía
efectuarse de diversos modos.
Cuando los mercaderes negociaban pagos a distancia; se les
ocurría
elevar artificialmente los tipos de cambio para que cubrieran al mismo
tiempo el pago de los intereses.
Llegando el caso, alegaban que los
intereses cobrados no eran sino una prima especial cobrada para
compensar el riesgo; disfrazaban los intereses en forma de penalidad
cobrada por la mora en el pago, conviniendo el prestamista y el
prestatario por adelantado en la mora en que el incurría;
pretendían
que los pagos de intereses no eran sino beneficios recurriendo a
artificios similares a lo que hoy llamaría "empresas
ficticias" o
"empresas pantalla"(empresas que carecen de toda función
real);
prestaban capital a una empresa que recuperaban con beneficios, en
lugar de intereses, aun cuando no hubieran habido beneficios.
Todos esos trucos inventados para engañar a las
autoridades eclesiásticas tienen sus equivalentes en las
técnicas
actualmente utilizadas para blanquear los movimientos de fondos
monetarios delictivos. Si el blanqueo de dinero tiene una larga
historia también lo tienen los refugios financieros que
acostumbran a
ser una pieza necesaria para esas prácticas.
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Entre los
primeros usuarios
esos refugios figuran los piratas que apresaban las naves comerciales
europeas en el Atlántico a comienzos del siglo XVII.
Había puertos que
abiertamente ofrecían su hospitalidad a los piratas por
disfrutar del
dinero que gastaban.
Y a la hora de retirarse de sus actividades,
los piratas buscaban a menudo refugio en el extranjero. Ciertas
ciudades soberanas del Mediterráneo competían
entre sí, al igual que
los países que hoy en día ofrecen refugios
financieros por ofrecer
residencia a los piratas (y a su dinero).Al mismo tiempo, los piratas
en ocasiones utilizaban su botín para comprar perdones que
les
permitieran retornar a su país de origen. De hecho, el
año 1612 puede
haber sido la fecha de la primera amnistía moderna otorgada
a capitales
de origen delictivo: Inglaterra ofreció en esa fecha a los
piratas que
abandonaran su profesión un perdón incondicional
y el derecho a
conservar el producto de sus fechorías,
anticipándose en más de tres
siglos y medio a los tratos similares que han solicitado de algunos
Estados modernos ciertos barones de la droga.
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En
los Estados Unidos durante el decenio de
1920
ciertos grupos de delincuentes callejeros trataron de buscar un origen
aparentemente legítimo para el dinero que sus negocios
turbios
generaban. Sus motivos podían ser muy diversos: ocultar su
éxito
financiero de una policía corrupta que trataba de
extorsionar pagos por
concepto de protección; evitar despertar el
interés de competidores
envidiosos; o, más adelante, evitar la posibilidad de ser
inculpados
por evasión de impuestos, arma que se esgrimió a
comienzos del decenio
de 1930 contra delincuentes contra los que no prosperaba
ningún otro
cargo.
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Para lograr estas metas, estas bandas
criminales
adquirían a veces negocios de servicios pagaderos en
metálico.
Frecuentemente optaban por compra lavanderías, servicios de
lavado de
coches aun cuando las empresas de expendedores automáticos y
otros
negocios podían serles igualmente útiles.
La finalidad era la de mezclar fondos legales e
ilegales y declarar sus ingresos totales como ganancias de su negocio
tapadera. Al hacerlo, combinaban en una sola etapa las tres fases de
ciclo normas del blanqueo de dinero: se distanciaba el dinero
(física o
metafísicamente) del delito, se ocultaba el dinero en un
negocio
legítimo y el dinero afloraba como ganancias de una empresa
que podía
servir de explicación para la cantidad de dinero declarada.
Por
elemental que parezca este proceso, sigue siendo la médula
de la
mayoría de las estrategias actuales de blanqueo de dinero,
por muy
complejas que parezcan. |
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Las formas más sencillas de
blanqueo se efectúan en
el propio país donde se cometió el delito. Si las
sumas son
relativamente pequeñas o de índole
esporádica, existen cierto número de
técnicas por las que cabe combinar hábilmente en
una sola las tres
fases del ciclo del blanqueo. Las carreras de caballos son un ejemplo
clásico: el blanqueador utiliza su dinero ilegal para
comprar boletos
ganadores, abonándole probablemente una prima al ganador
auténtico y
presenta el boleto ganador al cobro. Esos fondos serán
presentados como
una ganancia de apuestas lícitas. Se trata de una
técnica muy antigua
que sigue utilizándose en nuestros días. Lo mismo
cabe decir de las
loterías estatales, en las que se han formado redes de
intermediarios
que compraban billetes ganadores para revenderlos a personas con fondos
para blanquear. Una ventaja adicional de estos montajes dimana de la
exención fiscal de que suelen gozar las ganancias de al
lotería.
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Otras técnicas más
refinadas basadas en este mismo
principio suelen ser montadas con ayuda de agentes de bolsa o
corredores comerciales. La persona que trata de blanquear dinero compra
al contado y vende a plazo, o a la inversa. Una de las operaciones
registra una ganancia de capital y la otra una pérdida de
capital. El
intermediario destruye el comprobante de la operación
perdedora y el
blanqueador emerge con el dinero catalogado como una ganancia de
capitales. El costo de la operación completa
consistirá en el pago de
la doble comisión así como de toda suma reclamada
por el intermediario
como precio de su complicidad.
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Las
operaciones con bienes
inmuebles cumplen también una función similar.
Alguien que desea
blanquear su capital compra una finca rural o un inmueble, pagando con
documentos bancarios formalizados y con dinero ganado
lícitamente por
un precio públicamente consignado que es muy inferior a su
valor real
en el mercado. El resto del precio se abona bajo cuerda en
metálico.
Ese finca o inmueble se vuelve a vender a su valor
real, recuperándose así el dinero con su
componente ilegal disfrazado
de ganancias de capital en operaciones con bienes raíces o
inmuebles.
Esas técnicas, aun cuando al parecer populares, suelen
emplearse
esporádicamente y para sumas relativamente
pequeñas. Nadie puede ganar
convincentemente en las apuestas demasiado a menudo. Para blanquear
corrientes continuas de dinero colectivo, se suele recurrir a servicios
vendidos al por menor y pagaderos en metálico como los
prestados por
estaciones de lavado automático de vehículos y
por lavanderías, salas
de juego de vídeo, almacenes de alquiler de videocasetes,
bares y
restaurantes.
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Su
principio operacional es
sencillo: se mezclan las ganancias ilícitas con las legales
y se
declara la suma total como ganancias del negocio legítimo.
Si bien los
actos de blanqueo de dinero, así como la búsqueda
de refugios
financieros tienen precedentes históricos sólo
recientemente se ha
tipificado como delito el acto o la tentativa de blanquear los ingresos
o los bienes dimanantes del delito. |
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